El sistema constructivo de muros de entramado con cuajado de fábrica se ha extendido a lo largo de la historia y a lo largo del planeta hasta llegar al mundo actual. Esta llegada no sólo se ha producido como herencia histórica, a través de edificaciones antiguas conservadas, sino de manera efectiva y práctica, en las construcciones que siguen ejecutándose con dicho sistema en muchas partes del mundo. Además, el entramado de madera y fábrica constituyó la esencia de la forma de construcción actual.
La herencia de este sistema constructivo toma forma en la propia realidad de los escenarios de nuestras ciudades, donde perviven cientos de edificaciones de entramado desde hace más de medio milenio. Edificaciones que siguen cumpliendo con la función con la que se crearon pese a haber pasado desapercibidas en la historia escrita de la Arquitectura.
El sistema constructivo, en origen, otorgaba a la madera el papel resistente de la estructura, cuyos huecos se rellenaban con los materiales más baratos y accesibles, y que cumplían únicamente la función de cerramiento. Fueron los incendios y las catástrofes naturales los que recomendaron mejorar dichos rellenos, por lo que materiales como el mampuesto, el ladrillo cocido y los materiales de derribo, comenzaron a sustituir al barro y las fibras vegetales.
Con la entrada en la estructura de estos rellenos más competentes, su forma resistente cambió completamente. La madera, material cuya fluencia se desarrolla rápidamente, transfiere ahora parte de sus cargas a los materiales que la rellenan y toda la estructura comienza a trabajar de manera colaborativa.
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